Cualidades
Noviembre 11, 2006 | De vaqueros y otros Cuentos
Érase una vez, un mundo donde había muchas y muy diversas cualidades deseables en las personas.
Pero un par, en específico, afectaban la vida de las mujeres.
El caminar-sobre-el-alambre era una de ellas. Caminar con gracia, balancear los brazos, y mantener la espalda erguida era algo que se cultivaba entre ellas. Desde pequeñas, había individuos que inmediatamente destacaban. Habían nacido para eso. Había otras que se iban puliendo con el tiempo, haciendo mil y un esfuerzos por conseguirlo. A veces eran ayudadas por pequeños artefactos mecánicos. Todos se daban cuenta del truco, pero… ¿que importaba? Ese y otro tipo de fallas se les perdonan a las mujeres que caminan-sobre-el-alambre.
También había otras mujeres. Las que pican-verdura. Ellas suelen mostrarse habilidosas desde pequeñas también. Tienden a ser percibidas como una amenaza. Porque eso de picar verdura es sólo de hombres. “Cuídate de una mujer que pica fina la verdura, que rebanará tus dedos también” reza el viejo proverbio.
Pero había casos extraños. Mujeres que balanceándose con gracia sobre el alambre, hacían extraordinarios platillos con las verduras que ellas mismas picaban. Y no había peor cosa para ellas que estar oyendo comentarios como “No entiendo a fulana, si camina muy bien sobre el alambre… para qué picar verduras?”. O peor aún: “Cómo admiro a fulana, a pesar de caminar sobre el alambre, sigue tomando cursos sobre verduras… la has visto? No necesita picar verduras, pero… lo hace y muy bien”. Lo odiaban.
Las otras mujeres, las que rebanan verdura, no podían tratar de mejorar su manera de tocar el alambre, porque inmediatamente eran tachadas de alógenas. “Ningún hombre debe hacerle caso, por eso está tomando clases de caminalambre”. “Pobrecita, mira, picar tanta verdura le quita tiempo para ensayar sus pasos, para mejorar su postura…”. Además, está eso de que los hombres las veían como una amenaza a su masculinidad. ¿Dónde se ha visto que ellas sean mejores que ellos? No, eso es inaceptable.
Habíamos unas cuantas que tratábamos una y otra cualidad por sus debidas precauciones, con su justo peso. Y sin embargo, estábamos orgullosas de la manera en cómo cerrábamos las puertas. De cómo se movían nuestras muñecas al girar el picaporte. Pero ese mundo no se da cuenta de eso. Ellos viven una eterna lucha entre alambres y verduras.
Dejemos que el mundo siga, no lo podremos cambiar. Pero acércate… ¿ves como cierro la puerta? ¿Te gusta?
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Lo anterior intenta ser una analogía improvisada sobre belleza e inteligencia y de cómo la sociedad tiende a oponerlas, haciéndoles perder su importancia al ponerlas una contra otra y limitar a las personas, encasillándolas.
¿Que escribo bastante críptico? ¿Que muchas veces sólo yo me entiendo? Lo siento, jeje. Pero todo lo que parece aquí debe ser, como dice la canción, to my way.